10 de abril de 2016
Francisco Fontseca
Los microorganismos del suelo, la asignatura pendiente en la gestión de la fertilidad.
El suelo es uno de los sistemas naturales más complejos que existen sobre el planeta, y alberga una enorme cantidad de microorganismos (bacterias, hongos, virus, protozoos, etc).
El suelo es uno de los sistemas naturales más complejos que existen sobre el planeta, y alberga una enorme cantidad de microorganismos (bacterias, hongos, virus, protozoos, etc).
Esta es una riqueza y potencial que otras ramas de la ciencia desde hace ya varias décadas han sido y siguen siendo capaces de aprovechar.

 

Los sistemas naturales son una fuente de recursos que siempre ha estado presentes, pero que en pocas ocasiones se tiene en cuenta.
De hecho, gran parte de los antibióticos que se utilizan hoy en día se obtuvieron en la primera mitad del Siglo XX de microorganismos que vivían en el suelo (p. ej. penicilina, estreptomicina). Recientemente, la última edición de la prestigiosa revista científica Nature (7 de enero de 2015) publica que tras varias décadas de no poder encontrar nuevos antibióticos que no generaran resistencias, se ha descubierto uno nuevo en una bacteria que vive y que hasta la fecha sólo puede ser reproducida y aislada en el suelo.

Sin embargo en la agricultura aún se sigue ignorado y desaprovechando el enorme potencial que pueden generar los microorganismos del suelo para mejorar la fertilidad de los suelos, la nutrición de las plantas y las condiciones fitosanitarias de los cultivos. Cada vez está más claro que el crecimiento de las plantas está muy influenciado por los microorganismos del suelo, y en especial por los que viven alrededor de las raíces, la conocida rizosfera. Estos beneficios no tienen que ser de uso exclusivo de la agricultura ecológica, pues proteger y potenciar las propiedades biológicas del suelo trae beneficios para todos las estrategias de agricultura, sin lugar a duda.

Aunque pueda parecer complicado, lograr mejoras en este sentido no es difícil ni costoso. Aportes periódicos de materia orgánica compostada, implantación y manejo de las cubiertas vegetales (gramíneas, leguminosas, plantas con flores, etc), reducción de las zonas en las cuales se aplican los herbicidas o se aplica el mínimo indispensable, y el ajuste tanto de las dosis como de las fechas de aplicación de los fertilizantes son algunos de los ejemplos a seguir para conseguir mejoras en este sentido.

Además en sistemas de fertirrigación se puede aplicar junto con el agua de riego ácidos orgánicos, obtenidos a partir de la fermentación de los residuos/ subproductos de cosecha, carbohidratos (azúcares), residuos de la industria del vino o la cerveza o bien proteínas hidrolizadas. Estos productos por lo general favorecen y mejoran la microflora y fauna del suelo, así como los procesos biológicos y bioquímicos asociados.

Existe la posibilidad de que, al igual que el nuevo antibiótico descubierto, existan biocatalizadores o compuestos bioactivos producidos por los microorganismos del suelo que puedan estimular el crecimiento de las plantas y hacerlas más productivas; o en otros casos hacerlas más resistentes a diferentes condiciones de estrés (ya sean de origen biótico o abiótico). Existiría así la posibilidad de mejorar la eficiencia de los fertilizantes, y por qué no, acortar rutas metabólicas de los nutrientes. El potencial que abre este campo es enorme y debe ser aprovechado por y para la agricultura.

 

 

 

Artículo por cortesía de AKIS International