15 de octubre de 2015
Joan Lordan, Dr. Ingeniero Agrónomo
La interacción riego-fertilización, o cómo regar mejor es fertilizar mejor.
Si bien la inmensa mayoría de explotaciones frutales vienen fertirrigándose desde hace ya algunos años, resulta importante el hacer hincapié en algunas ideas básicas con el fin de mejorar el estado hídrico y nutritivo de nuestros cultivos.
Si bien la inmensa mayoría de explotaciones frutales vienen fertirrigándose desde hace ya algunos años, resulta importante el hacer hincapié en algunas ideas básicas con el fin de mejorar el estado hídrico y nutritivo de nuestros cultivos.

La primera idea que cabe recordar es que gran parte de los nutrientes que necesita la planta se encuentran disueltos en el agua del suelo, y que estos son absorbidos por la planta mediante flujo de masa. Es el caso del nitrógeno, el calcio, el azufre, o el magnesio. Es decir, si la disponibilidad de agua en el suelo es baja, la planta no podrá absorber de forma correcta los nutrientes, pudiendo llegar a afectar su desarrollo normal y crecimiento.
Si el déficit hídrico es moderado la planta podrá absorber alguno de los nutrientes, aunque se realizará a expensas de un alto gasto energético por parte de la planta, que podría llegar a penalizar la producción. Una disponibilidad baja de agua de riego puede venir dada por una baja cantidad de agua en el suelo (p. ej. sequía) o por una alta retención de la misma en el suelo (p.ej. salinidad). La presencia de sales más solubles que el yeso aumenta el potencial osmótico del suelo y dificulta la absorción de agua por parte del cultivo. Resulta importante mencionar que otros nutrientes (p. ej. potasio, fósforo) son absorbidos por la planta mediante difusión por lo que el agua no juega un papel tan importante como en el sistema anterior. Aún así, la absorción de estos nutrientes sí se ve afectada de forma indirecta ya que las raíces absorbentes, que sufren una continua renovación a lo largo de la campaña, se desarrollarán más rápidamente si las condiciones de humedad y aireación del suelo son las adecuadas.

Cabe recordar que si la planta no transpira, no absorbe prácticamente agua. De igual forma, si no absorbe agua, no absorbe nutrientes. Este concepto que parece tan trivial tenemos que tenerlo en cuenta en nuestra explotación en el momento que empezamos a fertilizar, pues de nada servirá aplicar fertilizantes cuando el sistema radicular del cultivo no está activo, o cuando el flujo de savia es bajo (árboles defoliados). La planta se folia progresivamente a expensas de los carbohidratos acumulados en los tejidos vegetales de reserva (tronco, ramas y raíces). Una vez se forman las primeras hojas, éstas comienzan fotosintetizar y transpirar, y se crea un flujo ascendente de sabia, necesario para la absorción de nutrientes en la zona radicular de la planta. Es decir, no es hasta que la planta está bien foliada que de hecho existe una absorción importante de nutrientes. De aquí la importancia de conjugar riego y fertilización, y aplicarlos en el momento más idóneo del ciclo de cultivo.

Cuando la planta experimenta algún tipo de estrés hídrico, la absorción y translocación de nutrientes se ve reducida drásticamente, pudiendo llegar incluso a manifestarse importantes deficiencias e incluso fisiopatías, especialmente en nutrientes que requieren un importante gasto energético para su absorción (p. ej. calcio). Estudios recientes realizados en Geneva (Nueva York, EE.UU.) por el equipo liderado por Terence Robinson, han demostrado como períodos de estrés de corta duración pueden inducir Bitter Pit en manzano Honeycrisp. En dichos experimentos, los períodos que se mostraron más críticos fueron durante floración y justo después de caída de pétalos, períodos durante los que normalmente olvidamos la importancia del riego. Tal y como se ha demostrado, una gestión adecuada del riego puede reducir el Bitter Pit, garantizando una absorción constante de calcio del suelo.


Figura 1. Aplicación de abono de cobertera en cultivo frutal defoliado, una práctica muy habitual de eficacia poco contrastada.


Aún así, resulta importante mencionar que el estrés hídrico no siempre resulta indeseable. De hecho, la correcta gestión del estrés hídrico puede ser utilizada para controlar el vigor vegetativo del cultivo en una determinada fase del ciclo, o incluso para acentuar ciertos atributos de calidad de los frutos (p. ej. contenido en sólidos solubles). Existen diferentes herramientas y metodologías que permiten determinar el estado hídrico del cultivo, aunque hoy en día la única medida directa y más fiable es la medida del potencial hídrico de tallo mediante el uso de la cámara Scholander.

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Figura 2. Medida del estado hídrico de un frutal (manzano) mediante el uso de la cámara Scholander


En nuestra tarea como técnicos asesores experimentamos continuamente con algunos de estos conceptos, poniéndolos a prueba, con el fin de mejorar día a día en nuestro servicio de consultoría agrícola. En cuanto a la gestión de explotaciones frutales, resulta muy importante realizar un buen plan de fertilización, teniendo en cuenta no sólo las dosis finales de nutrientes sino también el ratio entre ellos y el momento de su aplicación.
Aún así de nada servirá elaborar en buen plan de fertilización si descuidamos el plan de riego, ya que en definitiva: si regamos mal, fertilizamos mal.


 

 

 

Artículo por cortesía de AKIS International